¿Hacia dónde se dirigen las Mesoamericanas?

Con los acuerdos que han logrado en el transcurso de varios años y que se ven reflejados en su proyecto político emancipador, van construyendo sus relaciones e impulsando una visión anti patriarcal y anti neoliberal en la región; quieren inspirar un movimiento social de resistencia al modelo cultural y de desarrollo vigente. Por esto buscan nuevas formas organizativas y de participación en cada país, de la mano con otras redes y movimientos sociales.

En esta construcción de movimiento, la comunicación participativa entendida como la comunicación que surge desde las bases de la organización, fertiliza el terreno para que las dinámicas populares cobren fuerza. Es por eso que los procesos de reflexión y de diálogo en torno a la realidad, local y regional, son indispesables; aquí es cuando las mujeres se reconocen como sujetas poĺíticas con mucho que expresar, denunciar y proponer desde una perspectiva feminista.

También construyen sentidos: qué queremos y hacia donde nos dirigimos. Por ejemplo, su sentido de pertenencia: ¿de qué somos parte? ¿qué procesos estamos alimentando? Desde sus propias experiencias personales y colectivas las mujeres se van sintiendo parte de una nueva fuerza que denuncia injusticias y propone nuevas posibilidades para vivir bien, dignamente y relacionarse con las otras y otros. Se abre la esperanza imaginada por ellas mismas, no desde afuera.

En las Mesoamericanas se promueve la pertenencia a un movimiento que reconoce las condiciones históricas de género y que a la vez establece un ámbito de interés compartido, fortalecer la identidad personal y colectiva de las mujeres. Si bien participan mujeres de organizaciones con diversos énfasis temáticos, y con identidades subjetivas y reales diferentes, las identifica el sentido de resistencia al patriarcado y al neoliberalismo.